CRÍTICA DE ANNABELLE

TERROR CLÁSICO MODERNO

 

 

La esperada precuela de Expediente Warren: The Conjuring llega a los cines contando, esta vez, la historia de la tétrica muñeca que tanto pánico causó en el prólogo de su sucesora.

 

El argumento gira alrededor de una joven pareja a la espera de su primer hijo que, tras vivir un trágico accidente que acaba con la vida de sus vecinos y pone en peligro la suya, se vuelve víctima de continuados sucesos paranormales. Aquí es donde entra en juego la inanimada protagonista de la película, pues desde la adquisición de la muñeca, la vida de esta pareja se ve inundada de sucesos terroríficos y siniestros.

 

El film se presenta como una rememoración y homenaje a los clásicos del cine de terror de los años 60, progenitores del género. Las referencias son claras: encarnación de espíritus malignos, utilización del recurso de muñecos diabólicos, presencia eclesiástica, ambientación de época, y como guinda, protagonista joven y rubia. Todo un clásico.

 

Aunque utilice muchos recursos y elementos del terror de los inicios, la introducción de efectos digitales a la hora de presentar lo fantasmagórico nos hace sentir cómo serían esas películas si se rodasen con la tecnología actual. ¿Es posible hacer un film antiguo rodado con los medios de hoy día? Encontramos respuestas muy diversas a esta pregunta, dependiendo de si la exposición directa de los “monstruos” nos anula la magia del terror a lo desconocido, o si de lo contrario nos aterra la presencia del mal en su forma material.

 

La trama, típica y puede que algo previsible para los más experimentados del género, se encuentra a disposición de la muñeca, que brindará por más de un susto a nuestra salud.

 

Así, Annabelle se presenta como el concepto que tenemos de “película de miedo”, pero con la inclusión de un ingrediente que la hace diferente. ¿Es este clasicismo moderno la causa de su innegable éxito a nivel mundial?

Eric Borrás Benavente (1º)

CRÍTICA DE LOREAK

FLORES PARA RECORDAR

 

 

Loreak es el último trabajo de los directores Jon Garaño y Jose Mari Goenga, debutantes con 80 egunean en el 2010, que ahora nos presentan una película que se mueve alrededor del drama interno, utilizando las flores como idea principal, incluso como tema alrededor del cual el argumento va transcurriendo. Un largometraje que nos habla de las flores y de éstas utilizadas como una metáfora, como un recuerdo, como símbolo de la vida pero también como símbolo de la muerte.

 

Todo empieza con un ramo de flores y a partir de éste se va creando un puzle. Jugando con diferentes puntos de vista y con la ayuda de una voz en off, provocando así un crescendo continuo que crea un cierto suspense que deja atrapado al espectador. Es un rompecabezas protagonizado por tres personajes distintos y muy diferentes pero con una cierta similitud entre ellos, la soledad.

 

Así pues, las flores serán el elemento que va a unir a tres mujeres, el nexo de tres historias que llegan a ser una. Ese paralelismo entre personajes será el que nos recreará una atmósfera inicialmente marcada por la soledad. Las flores utilizadas como el elemento de unión de unas vidas marcadas por la ausencia.

 

Un largometraje que juega con el olvido y con lo que éste significa, creando una estructura de espejismo con unos personajes que quieren recordar pero finalmente acaban olvidando, olvidándose de la vida y de la muerte.

 

Loreak, que está hablada íntegramente en euskera, se mueve entre dos aguas, entre la vida y la muerte, entre el recuerdo y el olvido, entre la soledad y la compañía. Éste último trabajo que nos presentan los directores Garaño y Goenga es el perfecto ejemplo de la complejidad que conlleva lo simple.

 

Mar Subirats (1º)