SITGES FILMS (4)

Jaume Bernabéu, alumno de 1º, comenta The Voices.

 

 

DISNEY PSICÓTICO

 

La primera peli que vi este año en Sitges fue The Voices. Y os puedo decir que fue a la vez el mejor y el peor de los comienzos posibles. De un lado, una experiencia inolvidable; del otro, me pasé la semana comparando lo que veía y sentía con esta primera experiencia.

 

Solamente su sinopsis ya me pareció fascinante. Como fan acérrimo de la animación me atrajo muchísimo la combinación de una historia propia del terror o el crimen con la más Disney de las premisas. Tal vez pueda parecer algo descabellado asumir tan rápido que la película tendría tintes disneyanos, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta la relación de la directora Marjane Satrapi con el mundo del cómic y la animación, recordando su imaginativa e interesante Persépolis.

 

Y efectivamente, nada más empezar el filme confirmé mi teoría. La primera secuencia nos muestra el mundo en el que vive Jerry, su protagonista, empezando por una fábrica en la que todo está impoluto y sus empleados llevan monos color rosa. Y como colofón, escuchamos una bonita canción inicial sobre lo maravilloso que es Milton, el pueblo donde transcurre la acción. La fotografía y la dirección de arte lo enfatizan aún más mostrándonos colores vivos y chillones; todo nos recuerda a un cuento de hadas. Más adelante incluso vemos mariposas revoloteando sobre la cabeza de nuestro… ¿héroe? Y hasta hay un cadáver radiante en mitad del bosque que nos remite a Blancanieves.

 

Continuando con los paralelismos llegamos al corazón de la película, los diálogos entre Jerry el humano, Bosco el perro y Mr. Whiskers el gato (los tres interpretados magistralmente por Ryan Reynolds, excelente también en su trabajo de voz). Cual ángel y demonio aparecidos en los hombros de un clásico cartoon, oiremos junto a Jerry los consejos y comentarios más desternillantes, crueles, cínicos y sádicos que jamás hayan salido de los labios de un gato escocés, contrapuestos a las buenas intenciones de un perro bobalicón. Tres personajes que nos despiertan compasión en una escena para horrorizarnos en la siguiente y luego volver a enternecernos.

 

Ahí reside el punto más fuerte de la película. Con un guion sólido y personajes bien construidos nos ofrece una hilarante y en parte escalofriante reflexión sobre nuestra propia dualidad. Cómica y trágica, colorida y oscura. Tenéis que verla.

SITGES FILMS (3)

Andrea Ordóñez, alumna de 1º, comenta Autómata.

 

 

Para preservar la vida humana, los robots se rigen por dos protocolos de comportamiento: no dañar ninguna forma de vida y no modificarse a sí mismos ni a otros. Este es el inicio de Autómata, una de las películas que más esperaba en el Festival de Sitges 2014 y que cubrió todas mis expectativas.

 

Normalmente, en este tipo de género se suele especular sobre los sentimientos que podrían tener o los que generarían en las personas los robots, como por ejemplo en Blade Runner, Yo robot o Eva. Pero en este film la premisa que utilizan es: ¿qué pasaría si la inteligencia artificial superase a la humana? Es decir, en ningún momento plantean la hipótesis de que podrían llegar a ser emocionalmente parecidos a las personas. El amor o la tristeza no tienen ningún protagonismo, y los robots simplemente muestran una cierta comprensión, hacia el final del film, sobre la vida y la familia. Lo cual podríamos deducir que es producto de su “propia” inteligencia. Una idea que, a mi entender, se acercaría mucho más a la realidad en el caso de que algún día se llegara a crear seres artificiales e hizo que no perdiera mi atención en ningún momento.

 

Antonio Banderas, otro de los platos fuertes de esta película, da vida al protagonista Jacq Vaucan, un hombre cansado de un mundo en el que hasta la lluvia es un peligro mortal. La historia muestra una evolución en la que, cuanto más cerca está de la muerte, mayor es su deseo de sobrevivir para poder volver con su mujer que, además, está embarazada (otra metáfora de como la vida se abre paso en las circunstancias más inhóspitas), y ayudar a los autómatas para que creen otro “mundo” dentro de la Tierra, pues comprende que lo importante es que los seres humanos continúen estando presentes, aunque sea a través de los robots, como sus creadores.

 

Gabe Ibáñez, presenta una idea original de un futuro que podría llegar a ser, y no solo por los autómatas, sino por la destrucción que el ser humano provocaría en el único lugar donde es posible nuestra existencia, la Tierra. Y, aunque a veces, el ritmo al que se desarrollan los acontecimientos pueda resultar un poco lento, la sensación de agobio continuo (ya sea por el calor o por la lluvia ácida), el diseño de los robots y su originalidad dentro de un género muy explotado, hacen que sea una película que no te arrepentirías de ir a ver.