CÓMO SER RICHARD LINKLATER

El estreno de la monumental Boyhood ​este mismo viernes 12 de septiembre es la excusa ideal para recuperar este texto publicado en Numero Cero por María Adell, profesora de ESCAC,  sobre la obra de Richard Linklater.

El texto fue escrito con motivo del estreno del anterior filme del cineasta texano, Antes del anochecer, punto final de una célebre trilogía que ha abarcado dos décadas, y, por tanto, no cita a Boyhood, nueva cumbre, tal vez la más elevada, de la filmografía de uno de los directores norteamericanos más importantes de las últimas décadas.

Premiada en la pasada Berlinale con el galardón al Mejor Director, Boyhood es un tour de force ​rodado a lo largo de 12 años que sigue a un niño, Mason, y su paso a la edad adulta, así como las vidas de las personas que le rodean. Es, indiscutiblemente, una de las películas del año y volveremos a hablar de ella tras su estreno. 

  1. Antes que nada, forja una leyenda acerca de tus años de juventud. Cuenta cómo, al acabar el instituto en tu ciudad natal, Houston (Texas), decidiste que preferías vivir experiencias a seguir encerrado en un aula y trabajaste en una plataforma petrolífera en el Golfo de México. Explica a periodistas y entrevistadores cómo pasabas tu tiempo libre en mitad del océano leyendo libros de todo tipo: literatura, poesía y, sí, también filosofía. Cuéntales que el dinero que ahorraste lo invertiste en una cámara Super 8, justo antes de mudarte a Austin, tu ciudad de adopción, a la que tu cine está indeleblemente ligado. Será sencillo, para tus fans más avispados, establecer una conexión entre tu biografía y el carácter inconformista y a contracorriente de tus personajes; y también reconocer la procedencia del tono lírico y filosófico, a la vez que tremendamente vitalista, de tus películas.
  1. Se un cinéfilo empedernido, como los cineastas de la generación anterior, la del New Hollywood, a los que admiras, en especial, a Scorsese y, muy particularmente, su Toro Salvaje. Ama, sobre todo, el cine europeo, y ten especial predilección por las nuevas olas, aquellas que provocaron la irrupción de la modernidad. Haz referencia directa al cine que idolatras en tus propias películas: mimetiza la estructura circular, no lineal, de filmes como La ronda, de Max Ophüls, pero también de L’argent, de Robert Bresson, en tu película revelación, Slacker; reinterpreta la secuencia final de El eclipse, de Antonioni, construida a partir de los espacios vacíos que antes compartían los amantes, en el sobrecogedor cierre de Antes del amanecer… ¿Y acaso el particular esquema espacio-temporal que domina muchas de tus obras no es deudor de esa condensación propia de la modernidad que aparece en películas como Cleo de 5 a 7 o Mi noche con Maud? Como culminación, elige una actriz francesa que haya trabajado con tus ídolos, con Godard, con Carax, con Kieslowski, y hazle protagonista de una trilogía que será, hasta el momento, tu obra maestra.
  1. Realiza tu segundo filme, el que te puso en órbita, el que ayudó a iniciar el boom del cine indie norteamericano de los noventa, con tu propia productora, Detour Filmproduction – en homenaje a la película de Ulmer – y con solo 23.000 dólares. Haz de ella una película de culto instantánea y consigue que su título, Slacker, denomine a toda una generación, a una juventud inconformista caracterizada por el parloteo incesante, las digresiones discursivas y el deambular sin rumbo: flanêurs vestidos como grunges con la labia del Michel Poiccard de Al final de la escapada. Convierte a estos slackers, a estos vagos, a estos renegados de la sociedad en la punta de lanza de una actitud resistente y combativa frente a los valores imperantes: carrera, trabajo, bienestar, estabilidad, familia. Traslada este espíritu ácrata y heterodoxo a la propia narración, que se desintegra conforme avanza: no hay finalidad, no hay conflicto, no hay protagonistas. Solo un grupo de jóvenes, ya sea en cuerpo o en espíritu, viviendo al margen del sistema y hablando, incansablemente, de filosofía, de política, del azar, de música, de temas banales…

 

  1. Convierte tu ciudad de adopción, Austin, en tu refugio, y sigue viviendo en ella a pesar de trabajar en Hollywood con estrellas como Jack Black o Billy Bob Thornton. ¿Quién quiere una mansión con piscina en Los Angeles pudiendo vivir en una ciudad que tiene las sesiones golfas del cine Alamo Drafthouse (ved aquí el vídeo protagonizado por Delpy y Hawke para el cine), el festival SXSW y conciertos cada noche? Ayuda a convertirla en el Shangri-la de todo cinéfilo con tu proyecto personal, la Austin Film Society, responsable de una exquisita programación cinematográfica y de apoyar a jóvenes cineastas de la ciudad, entre otras muchas actividades. Forma parte de tu comunidad, llévate bien con todos, haz de Austin el lugar favorito de Quentin Tarantino, donde rodó Death Proof, y convierte sus calles, casas, bares y parques en los espacios por los que deambulan los personajes de tus películas más personales: la ya mencionada Slacker, la maravillosa Dazed & Confused y otra de tus obras maestras, la filosófica y soñadora Waking Life, continuación sui generis de la primera.

  1. Confía en la palabra, apóyate en ella. Construye tus narraciones a partir del flujo incesante de conversaciones sobre los más diversos temas. Haz del diálogo, de la comunicación entre las personas, la base de tu cine, ya sea para transmitir emociones puras (la trilogía iniciada por Antes del amanecer) o el pensamiento más abstracto (Slacker pero, sobre todo, Waking Life). Consigue actores de confianza, como Ethan Hawke, con el que has colaborado en diversas ocasiones (la trilogía, Fast Food Nation, Waking Life…), o Julie Delpy y juega con ellos, inclúyeles en la escritura de guión: no en vano están acreditados, junto a ti, como guionistas de Antes del atardecer y Antes del anochecer. No te extrañes de que los cachorros del mumblecore te tomen como referente: en los filmes de Bujalski o de los hermanos Duplass, pero también en obras post-mumblecore como El amigo de mi hermana, la colaboración de los actores en la elaboración del diálogo es absolutamente vital.
  2. Conviértete, con tus dos primeras obras conocidas, en el cineasta de la juventud por antonomasia. Haz de Dazed & Confused, tu película posterior a Slacker, una de las mejores películas juveniles de todos los tiempos, una recreación de tus años de instituto que evoca, con un sentido de la inmediatez inaudito, exento de nostalgia, lo que se siente al tener 16 años y todo el verano por delante. De nuevo, utiliza el esquema de condensación espacio-temporal (toda la acción transcurre en un día, el último día de curso, y en un lugar, Austin) y el protagonismo coral para llevar a cabo un filme que retrata a la perfección el modo de ser y vivir juvenil a través de una narración deambulatoria, digresiva y sin una finalidad aparente.

 

  1. No te acomodes, combina películas con presupuesto y temática hollywoodiense, protagonizadas por estrellas cómicas como Jack Black (la infravalorada School of Rock), con filmes mucho más personales. Experimenta, arriesga: utiliza una técnica llamada rotoscopia para elaborar un tratado filosófico de tintes oníricos (Waking Life) o la adaptación de un libro de Philip K. Dick (A Scanner Darkly). Construye un alegato político que relacione la explotación animal con la de la mano de obra humana en otra adaptación literaria a la gran pantalla, esta vez de un ensayo superventas, Fast Food Nation.

 

  1. Lleva a cabo una empresa cinematográfica descomunal que, al menos que yo sepa, no tiene equivalente en el cine norteamericano ni europeo. Elige dos actores virtuosos e inteligentes, con una química superlativa entre ambos, y, a poder ser, atractivos. Inventa para ellos unos personajes; por ejemplo, Jesse, un inmaduro pero irresistible estudiante norteamericano que está haciendo el interraíl por Europa, y Celine, una joven francesa culta y sensible, con mucho sentido del humor, aunque algo neurótica. Ponlos en un tren, hazles bajar impulsivamente en Viena para pasar una noche juntos, conociéndose, enamorándose. Ejerce de demiurgo malvado, sepárales y vuélveles a juntar, esta vez en París, nueve años después. Para finalizar, reencuéntralos, una década más tarde, al sur de Grecia. Tres películas, dos personajes, dos actores, un abanico temporal de casi veinte años: no hay una forma más directa de meterse al público en el bolsillo. Un público que ha evolucionado, crecido, envejecido al ritmo de los personajes/actores que ven en pantalla. Tres filmes que hablan de las edades del amor y que te permiten exponer tus temas favoritos: la palabra, la condensación temporal y espacial, la comunicación interpersonal.

 

  1. Deja boquiabierto a todo el mundo con tu último filme, el ¿último? de la trilogía. Conviértete en el cineasta de tu generación –Quentin Tarantino, Steven Soderbergh– que de manera más coherente y madura ha hablado sobre el romance, el único que ha abordado con sensibilidad inaudita ese tema tan démodé y poco sexy como es el matrimonio o la pareja estable. Haz de Antes del anochecer, a pesar de la irrupción de la rutina y los reproches que se lanzan los personajes, un enorme relato sobre el amor de larga duración, un amor horadado por el paso del tiempo que, pese a todo, se las arregla para resistir. Consigue cerrar el filme con una frase mágica que engloba, en su brutal honestidad, todo lo terrible y todo lo hermoso que encierran las relaciones de pareja duraderas: “No es perfecto, pero es real”.

  1. Por último, ten un hobby alejado del cine que te permita estar rodeado de buenos amigos. El baseball, por ejemplo, al que le dedicaras una de tus películas erróneamente consideradas como menores: Bad News Bears, versión deportiva de otro gran filme sobre la infancia con una visión totalmente libertaria sobre la educación, School of Rock. Comparte esta afición con tus colegas, como el cineasta experimental James Benning, con el que protagonizas un nuevo episodio de la mítica serie Cinéma de nôtre temps dirigido por Gabe Klinger, y que los cinéfilos esperamos con extrema ansiedad. Lanza la bola, da unos pases, no por competir, ni ganar nada, sino por el puro placer de jugar. De eso se trata la vida, ¿no?